Dario Varona

¿Cuándo no conviene iniciar un proceso de coaching?

Por Liderazgo

No conviene iniciar un proceso de coaching cuando falta un objetivo de desarrollo o se intenta utilizarlo para evaluar, sancionar o compensar un problema estructural. El criterio es que exista una dificultad individual que pueda trabajarse mediante reflexión y acción; si no, corresponde elegir otra intervención.

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¿Se puede iniciar coaching sin un objetivo de desarrollo?

No conviene iniciar coaching sin un objetivo de desarrollo que indique qué conducta, decisión o relación laboral necesita revisarse. Una intención vaga como “mejorar el liderazgo” no permite orientar sesiones ni reconocer avances. La resistencia al coaching aumenta cuando la persona no entiende para qué fue convocada. Antes de empezar, también hay que comprobar que existe disposición para coaching.

Usá esta prueba: el objetivo debe nombrar una conducta observable, una situación donde aparece y un cambio que dependa del participante. Si solo describe una expectativa general o lo que otros deben modificar, todavía no existe un objetivo trabajable.

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¿Debe usarse el coaching para corregir una falta disciplinaria?

El coaching no debe usarse para corregir una falta disciplinaria. Cuando existe incumplimiento de una norma, una conducta sancionable o una decisión laboral pendiente, la empresa debe aplicar sus procedimientos y asumir esa conversación. Enviar a la persona a coaching puede ocultar la responsabilidad de la organización y confundir desarrollo con castigo. El proceso recién tendría sentido después, si el participante acepta revisar una conducta propia que excede la medida disciplinaria.

Separá la sanción del desarrollo. Primero resolvé el hecho, la norma y la consecuencia por la vía correspondiente. Después evaluá si queda una conducta que la persona quiera trabajar. Si ambas cosas se mezclan, el coaching pierde confianza y claridad.

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¿Puede el coaching formar parte de una evaluación laboral?

El coaching no debería formar parte de una evaluación laboral como fuente de pruebas, calificaciones o recomendaciones sobre promociones y sanciones. La empresa puede revisar el desempeño por sus canales habituales, mientras el coaching conserva una conversación orientada al desarrollo. Si el coach informa lo dicho en las sesiones, el participante empieza a responder para protegerse. Esa vigilancia aparente destruye la franqueza que el proceso necesita para producir aprendizaje.

Aplicá un límite simple: la evaluación observa resultados y conductas laborales mediante evidencia de la empresa; el coaching trabaja cómo la persona decide y actúa. Cuando una sesión se usa para calificar, deja de ser un espacio confiable de desarrollo.

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¿Puede el coaching resolver un problema estructural?

El coaching no puede resolver por sí solo un problema estructural como roles confusos, autoridad insuficiente, recursos escasos o incentivos contradictorios. Puede ayudar a un líder a decidir cómo actuar dentro de ese contexto, pero no reemplaza las decisiones organizacionales necesarias. En el liderazgo empresarial, atribuir una falla del sistema a una sola persona suele aumentar frustración y dejar intacta la causa real.

Antes de iniciar, preguntá qué debería cambiar aunque la persona trabajara perfectamente. Si la respuesta incluye estructura, recursos, autoridad o normas, la empresa debe intervenir allí. El coaching solo puede abordar la parte que depende de las decisiones del participante.

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¿Cuándo hay que buscar otra ayuda en lugar de coaching?

Hay que buscar otra ayuda cuando el problema principal no puede trabajarse mediante reflexión, decisión y acción profesional. Una necesidad clínica requiere atención de salud mental; un conflicto entre partes puede necesitar mediación; una falta técnica, capacitación; y una falla organizacional, decisiones de gestión. También conviene revisar el rechazo al coaching: negarse no siempre es un problema que deba corregirse con más coaching.

Elegí la intervención por la causa, no por la herramienta disponible. Preguntá si el cambio depende principalmente de una conducta que la persona puede revisar. Si depende de salud, conocimientos, acuerdos entre partes o estructura, corresponde derivar o actuar por otra vía.