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¿Qué ejercicios de coaching ayudan a tomar decisiones?

Los ejercicios para decidir ayudan a comparar opciones, costos y próximos pasos. A continuación, cómo usarlos con criterio.
Darío Varona™, coach y formador en liderazgo, comunicación efectiva, PNL y habilidades blandas
Herramientas de coaching Coach:  Darío Varona™
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Tomar una decisión no siempre se traba por falta de opciones. Muchas veces se traba porque hay demasiadas variables mezcladas: miedo, costos, presión externa, datos incompletos, expectativas de otros y una necesidad de elegir “perfecto”.

Los ejercicios de coaching para tomar decisiones ayudan a ordenar opciones, consecuencias, supuestos y próximos pasos posibles. No sirven para que otra persona decida por vos; sirven para mirar mejor lo que está en juego antes de actuar.

En sesiones con Darío Varona™ como coach, una decisión suele trabajarse separando datos, supuestos, costos y primer paso posible. Decidir mejor no es recibir una respuesta externa: es ordenar lo suficiente para poder asumir una acción con más criterio.

Ejemplo: una persona duda si aceptar una propuesta laboral. En la superficie compara salario y cargo. De fondo también aparecen miedo a equivocarse, impacto familiar, deseo de crecimiento, cansancio del trabajo actual y datos que todavía no pidió.

Evitar: reducir la decisión a una lista rápida de pros y contras. Esa lista puede ayudar, pero si no revisa criterios, costos y supuestos, puede dejar afuera lo más importante.

Para ubicar este tema: los ejercicios para decidir son una parte del conjunto de herramientas de coaching. Antes de usarlos, conviene entender qué herramienta sirve para cada tipo de situación.
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1. Qué se necesita aclarar antes de tomar una decisión

Antes de decidir, conviene aclarar qué decisión se está tomando realmente. A veces la persona cree que tiene que elegir entre dos opciones, pero en realidad necesita pedir información, conversar con alguien, revisar una expectativa o separar una urgencia emocional de una necesidad concreta.

También conviene distinguir qué parte de la decisión depende de la persona y qué parte pertenece al contexto. Hay decisiones que involucran a una empresa, una familia, un equipo, un socio o un marco técnico que no puede ignorarse.

Un ejercicio inicial útil es escribir la decisión en una frase clara. Si no puede formularse, todavía no hay decisión: hay confusión. Por ejemplo, no es lo mismo “no sé qué hacer con mi trabajo” que “necesito decidir si acepto una propuesta laboral antes del viernes”.

Cómo hacerlo: formular la decisión en una frase concreta: “tengo que elegir entre A y B”, “necesito decidir si avanzo o espero”, “tengo que definir qué conversación voy a tener”.

Cómo no hacerlo: trabajar sobre una nube general como “estoy perdido”. Esa frase puede ser sincera, pero todavía no muestra cuál es la decisión concreta.

En síntesis: antes de decidir, conviene nombrar con precisión qué se está decidiendo. Una decisión mal formulada suele producir más duda que claridad.

2. Cómo separar opciones, costos y consecuencias

Una decisión se vuelve más clara cuando se separan tres cosas: opciones, costos y consecuencias. Las opciones son los caminos posibles. Los costos son lo que cada camino exige, resigna o tensiona. Las consecuencias son los efectos probables de avanzar por una opción.

Muchas personas comparan opciones sin mirar costos reales. O eligen por miedo al costo inmediato y no miran la consecuencia de quedarse igual. Separar estos niveles evita decisiones impulsivas o demasiado idealizadas.

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Opciones disponibles

Escribir las opciones ayuda a ver si realmente hay dos caminos o si existen alternativas intermedias. A veces no se trata de “renunciar o quedarse”, sino de conversar, negociar, esperar, probar o pedir más información.

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Costos de cada opción

Todo camino tiene costos: tiempo, energía, dinero, exposición, aprendizaje, incomodidad o renuncia. Nombrarlos permite decidir con menos fantasía.

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Consecuencias probables

No se pueden controlar todas las consecuencias, pero sí anticipar escenarios razonables. Esto permite mirar qué puede pasar si se avanza, si se espera o si no se decide.

Cómo hacerlo: armar tres columnas: opción, costo y consecuencia probable. Después revisar qué datos faltan antes de elegir.

Cómo no hacerlo: mirar sólo beneficios. Una opción puede ser atractiva y aun así requerir costos que la persona no está dispuesta a asumir.

En síntesis: decidir mejor exige mirar más que la opción deseada. También hay que mirar qué pide esa opción y qué puede producir.

3. Qué ejercicios ayudan a comparar escenarios

Comparar escenarios sirve cuando la persona no puede ver con claridad qué camino conviene explorar. No se trata de predecir el futuro, sino de mirar posibilidades con más orden.

Un escenario describe qué podría pasar si se elige una opción. Puede incluir beneficios, riesgos, recursos necesarios, impacto en otras áreas y señales para revisar si la decisión necesita ajuste.

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Escenario A, B y alternativa intermedia

El ejercicio consiste en describir qué pasaría si la persona elige A, qué pasaría si elige B y si existe una tercera opción menos evidente. Muchas decisiones se destraban cuando aparece un camino intermedio.

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Mejor caso, peor caso y caso probable

Ayuda a separar fantasía, miedo y realidad. El peor caso muestra riesgos; el mejor caso muestra deseo; el caso probable permite pensar con más equilibrio.

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Impacto por áreas

La decisión puede revisarse según su impacto en trabajo, vínculos, descanso, economía, aprendizaje o desarrollo. Esto evita mirar una sola variable como si fuera la única.

En síntesis: comparar escenarios no elimina la incertidumbre, pero permite verla con más claridad y decidir con menos ruido.

4. Cómo detectar supuestos que condicionan la decisión

Muchas decisiones están condicionadas por supuestos que la persona no revisa. Un supuesto es una idea que se toma como cierta sin verificarla del todo. Puede sonar como “si digo que no, me van a cerrar puertas”, “si cambio, pierdo estabilidad” o “si pido ayuda, quedo mal”.

Algunos supuestos tienen base real. Otros son interpretaciones, miedos o conclusiones antiguas aplicadas a una situación nueva. Detectarlos permite decidir con más información y menos automatismo.

Cómo hacerlo: escribir qué se está dando por obvio y preguntar: “¿qué evidencia tengo?”, “¿qué dato falta?”, “¿qué otra lectura sería posible?”, “¿qué pasaría si este supuesto no fuera completamente cierto?”.

Cómo no hacerlo: discutir el supuesto como si fuera una tontería. Para la persona puede tener sentido. Primero hay que entender qué protege, qué evita o qué temor sostiene.

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Supuestos sobre la opción

La persona puede creer que una opción es segura, riesgosa, imposible o ideal. Conviene revisar qué datos sostienen esa idea.

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Supuestos sobre los demás

A veces se decide anticipando reacciones de otras personas sin haber conversado. Eso puede llevar a evitar pedidos, límites o aclaraciones necesarias.

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Supuestos sobre uno mismo

Frases como “no voy a poder”, “siempre me pasa igual” o “yo no soy bueno para esto” pueden cerrar alternativas antes de explorarlas.

En síntesis: una decisión puede estar trabada no por falta de opciones, sino por supuestos no revisados.

5. Qué preguntas permiten salir de la parálisis

La parálisis aparece cuando la persona quiere seguridad total antes de moverse. Pero muchas decisiones no ofrecen certeza completa. En esos casos, las preguntas no buscan eliminar la incertidumbre, sino ordenar el próximo paso.

Salir de la parálisis no significa decidir rápido. Significa dejar de girar sobre la misma duda y empezar a separar qué se sabe, qué falta saber, qué se teme y qué acción pequeña puede acercar información.

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Preguntas para separar datos de miedo

“¿Qué datos tengo?”, “¿qué estoy imaginando?”, “¿qué temor está pesando más?”, “¿qué parte de ese temor necesita ser escuchada y qué parte necesita ser revisada?”.

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Preguntas para pedir información

“¿Qué dato falta antes de decidir?”, “¿a quién necesito preguntar?”, “¿qué conversación puede aclarar el panorama?”, “¿qué condición debería confirmar?”.

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Preguntas para avanzar sin cerrar todo

“¿Cuál es un primer paso reversible?”, “¿qué acción pequeña puede darme más claridad?”, “¿qué puedo probar antes de comprometer una decisión más grande?”.

Cómo hacerlo: si alguien no sabe si cambiar de rol, puede pedir una conversación exploratoria, revisar responsabilidades reales o hablar con alguien que ya ocupa un rol similar.

Cómo no hacerlo: esperar certeza absoluta. A veces la claridad aparece después de dar un paso pequeño, no antes.

En síntesis: salir de la parálisis no exige decidir todo. A veces exige dar un paso que permita obtener mejor información.

6. Qué errores aparecen al decidir desde urgencia o miedo

Decidir desde urgencia puede llevar a elegir lo primero que baja la presión. Decidir desde miedo puede llevar a evitar lo que en realidad necesita ser conversado o probado. En ambos casos, la decisión queda gobernada por el alivio inmediato.

La urgencia no siempre es falsa. Hay decisiones que tienen fecha, costo o consecuencia cercana. Pero aun así conviene separar qué necesita resolverse ya y qué necesita un análisis más cuidadoso.

El miedo tampoco debe ignorarse. Puede traer información valiosa: riesgo, inseguridad, experiencias previas, falta de recursos. El error es dejar que decida solo, sin revisar datos ni alternativas.

Cómo hacerlo: preguntar: “¿qué parte de esta decisión es urgente de verdad?”, “¿qué parte está empujada por miedo?”, “¿qué dato necesito antes de avanzar?”.

Cómo no hacerlo: decidir sólo para dejar de sentir incomodidad. El alivio inmediato puede producir un problema mayor después.

En síntesis: la urgencia y el miedo pueden informar la decisión, pero no deberían conducirla solos.

7. Cómo definir un primer paso reversible

No toda decisión necesita empezar con un salto enorme. Muchas veces conviene definir un primer paso reversible: una acción pequeña que permita avanzar, obtener información y ajustar sin comprometer todo de inmediato.

Un primer paso reversible no es postergar la decisión. Es moverse con criterio cuando todavía hay incertidumbre. Puede ser pedir una reunión, consultar una condición, probar una conversación, ordenar números, pedir feedback o ensayar una acción durante una semana.

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Elegir una acción de bajo riesgo

La acción debería permitir avanzar sin cerrar todas las puertas. Por ejemplo, pedir más información antes de aceptar o rechazar una propuesta.

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Definir qué se quiere aprender

El primer paso sirve más cuando tiene una pregunta detrás: qué dato quiero obtener, qué reacción necesito observar, qué condición quiero confirmar.

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Poner fecha de revisión

Un paso reversible necesita revisión. Si no se revisa, puede convertirse en una forma elegante de postergar.

En síntesis: un primer paso reversible permite moverse sin fingir certeza total.

8. Cómo revisar la decisión después de actuar

Una decisión no termina cuando se actúa. Después conviene revisar qué pasó, qué se aprendió y qué ajuste necesita la persona. Esto evita mirar la decisión sólo como acierto o error.

Revisar después de actuar ayuda a construir criterio. Tal vez la decisión no produjo exactamente lo esperado, pero permitió obtener información, aclarar una conversación o descubrir una condición que antes no estaba visible.

La revisión también permite cuidar la continuidad. Si la persona dio un paso, conviene definir qué sigue: sostener, ajustar, conversar, detener, ampliar o cambiar de estrategia.

Cómo hacerlo: después de actuar, preguntar: “¿qué resultado apareció?”, “¿qué aprendiste?”, “¿qué dato nuevo tenés?”, “¿qué ajustarías?”, “¿cuál es el próximo paso?”.

Cómo no hacerlo: evaluar la decisión sólo como “salió bien” o “salió mal”. Esa mirada puede perder aprendizajes útiles.

En síntesis: revisar una decisión permite aprender de la acción y no quedar atrapado en la idea de acierto o fracaso.

9. Qué límites tiene el coaching en decisiones técnicas

El coaching puede ayudar a ordenar una decisión, pero no reemplaza conocimiento técnico ni asesoramiento profesional específico. Si la decisión involucra temas legales, médicos, financieros, contables, psicológicos o técnicos, corresponde consultar a profesionales de esas áreas.

Por ejemplo, el coaching puede ayudar a una persona a preparar preguntas antes de hablar con un abogado, un médico o un asesor financiero. Pero no debería indicar qué tratamiento hacer, qué contrato firmar, qué inversión elegir o qué diagnóstico aceptar.

Ese límite protege a la persona. Ordenar una decisión no significa invadir campos que tienen criterios, responsabilidades y conocimientos propios.

Cómo hacerlo: usar la conversación para separar dudas, criterios personales, próximos pasos y preguntas para el profesional correspondiente.

Cómo no hacerlo: pedirle al coaching una respuesta técnica. El coaching puede acompañar la claridad, pero no reemplaza asesoramiento especializado.

En síntesis: el coaching ayuda a decidir con más claridad, no a sustituir saberes técnicos cuando la decisión exige otro tipo de expertise.

10. Dónde seguir leyendo sobre objetivos y proceso

Si estás revisando una decisión, puede servir elegir la próxima lectura según el punto que hoy esté más confuso: herramientas generales, prioridades, objetivos, patrones repetidos o liderazgo.

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Para ubicar el tema dentro del coaching

Si querés ordenar primero el recorrido general, podés volver al mapa general de coaching.

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Para comparar herramientas disponibles

Si necesitás ver qué otros recursos pueden ayudar, seguí con qué herramientas se usan en coaching.

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Para revisar prioridades antes de decidir

Si todavía no sabés qué área pesa más en la decisión, puede servir leer qué es la rueda de la vida en coaching y cómo se usa.

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Para ordenar objetivo, realidad y acción

Si la decisión ya empieza a tomar forma, podés seguir con qué es el modelo GROW en coaching.

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Para revisar patrones que se repiten

Si la decisión se parece a otras situaciones que vuelven una y otra vez, puede aportar otra mirada leer qué es el modelo OSAR en coaching.

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Para conectar decisión con objetivo o liderazgo

Si la decisión necesita transformarse en objetivo, revisá qué ejercicios de coaching ayudan a revisar objetivos. Si el tema aparece en conversaciones de liderazgo, podés leer qué herramientas de coaching sirven para líderes.

En síntesis: decidir mejor no siempre significa elegir rápido. Muchas veces significa ordenar el problema, revisar opciones y dar un primer paso con más criterio.
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11. Preguntas frecuentes sobre ejercicios para tomar decisiones

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¿Qué ejercicios de coaching ayudan a tomar decisiones?

Ayudan ejercicios para comparar opciones, revisar costos y consecuencias, detectar supuestos, ordenar datos disponibles y definir un primer paso posible sin que el coach decida por la persona.

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¿Cómo ayuda el coaching a tomar decisiones?

El coaching ayuda a ordenar la decisión, separar información de interpretación, revisar opciones y convertir la elección en una acción concreta. No reemplaza asesoramiento técnico, médico, legal o financiero.

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¿Qué errores conviene evitar al decidir?

Conviene evitar decidir desde la urgencia, el miedo o la presión externa; comparar opciones sin criterios claros; buscar una respuesta perfecta; o delegar la decisión en otra persona.

Cierre: una decisión no siempre se destraba encontrando la respuesta perfecta. A veces se destraba separando datos, miedos, costos y próximos pasos. Decidir sin ordenar es como manejar con el parabrisas empañado: quizá avances, pero no ves bien hacia dónde. Primero se limpia la mirada; después se elige el movimiento.
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Si querés trabajar una situación personal, profesional o laboral desde una mirada más clara y práctica, podés consultar por sesiones individuales de coaching.