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¿Qué ejercicios de coaching ayudan a revisar objetivos?

Algunos ejercicios permiten pasar de deseos generales a objetivos observables y accionables. A continuación, cuáles sirven.
Darío Varona™, coach y formador en liderazgo, comunicación efectiva, PNL y habilidades blandas
Herramientas de coaching Coach:  Darío Varona™
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Muchas personas creen que tienen un objetivo cuando en realidad tienen un deseo general. “Quiero mejorar”, “quiero crecer”, “quiero ordenar mi vida” o “quiero liderar mejor” pueden ser puntos de partida, pero todavía no alcanzan para avanzar con claridad.

Los ejercicios de coaching para revisar objetivos ayudan a transformar esas frases amplias en algo más observable: qué se quiere lograr, en qué contexto, qué brecha existe, qué prioridad conviene elegir y qué primer paso puede sostenerse.

El enfoque de coaching de Darío Varona™ busca que el objetivo no quede como deseo general, sino como una dirección clara para actuar, revisar y aprender sin prometer resultados automáticos.

Ejemplo: una persona dice “quiero mejorar mi comunicación”. Puede referirse a pedir con más claridad, escuchar mejor, dar feedback, poner límites o preparar una conversación pendiente. Si no se aclara, el objetivo queda demasiado amplio.

Evitar: convertir cualquier deseo en objetivo sin revisar contexto. Una frase motivadora puede sonar bien, pero no siempre permite actuar.

Para ubicar este tema: los ejercicios para objetivos son una parte del conjunto de herramientas de coaching. Antes de elegir uno, conviene entender qué herramienta sirve para qué situación.
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1. Qué conviene aclarar antes de definir un objetivo

Antes de definir un objetivo, conviene revisar qué problema real está intentando ordenar la persona. A veces el objetivo declarado no es el objetivo de fondo. Puede aparecer como “quiero cambiar de trabajo”, pero debajo hay falta de reconocimiento, cansancio, conflicto con un jefe, necesidad de crecimiento o miedo a decidir.

Si se formula el objetivo demasiado rápido, se corre el riesgo de trabajar sobre una etiqueta equivocada. Por eso, antes de escribir un objetivo, conviene distinguir qué está pasando, qué quiere cambiar, qué intentó hasta ahora y qué resultado sería valioso.

Un buen ejercicio inicial no busca cerrar el objetivo de inmediato. Busca limpiar el terreno para que el objetivo no nazca desde la urgencia, la confusión o una frase prestada.

Cómo hacerlo: antes de formular el objetivo, preguntar: “¿qué querés ordenar exactamente?”, “¿qué cambiaría si esto mejora?”, “¿qué venís postergando?” y “¿qué resultado sería útil para vos ahora?”.

Cómo no hacerlo: aceptar la primera frase como objetivo definitivo. “Quiero estar mejor” puede ser verdadero, pero todavía no dice qué se va a trabajar.

En síntesis: antes de definir un objetivo, conviene entender la necesidad real. Si el punto de partida está confuso, el objetivo también lo estará.

2. Cómo pasar de deseo general a objetivo observable

Un deseo expresa una intención. Un objetivo observable permite trabajar. La diferencia está en el nivel de claridad. “Quiero crecer profesionalmente” puede ser un deseo válido, pero todavía no muestra qué cambio concreto espera la persona.

Para convertir un deseo en objetivo, conviene precisar contexto, conducta, resultado y primer indicador de avance. No hace falta convertirlo en una fórmula rígida, pero sí hacerlo lo suficientemente claro como para orientar acciones.

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Nombrar el deseo inicial

El deseo puede aparecer como frase amplia: “quiero avanzar”, “quiero organizarme”, “quiero liderar mejor”. Conviene escribirlo tal como aparece, sin corregirlo de entrada.

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Preguntar qué cambiaría en la práctica

La pregunta clave es qué se vería distinto si ese deseo empezara a convertirse en realidad. Ahí suelen aparecer conductas, conversaciones, decisiones o hábitos más concretos.

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Formular una dirección trabajable

El objetivo no necesita quedar perfecto, pero sí tiene que orientar acción. Por ejemplo: “preparar una conversación de feedback con mi equipo” es más trabajable que “comunicarme mejor”.

Cómo hacerlo: transformar “quiero tener más foco” en “quiero definir tres prioridades semanales y revisar qué tareas quedan afuera para no dispersarme”.

Cómo no hacerlo: dejar el objetivo como “ser más productivo”. Esa frase puede motivar, pero no dice qué conducta va a cambiar.

En síntesis: un deseo inspira; un objetivo observable orienta. El ejercicio consiste en pasar de la intención a una dirección concreta.

3. Qué ejercicios ayudan a priorizar

A veces la dificultad no es definir un objetivo, sino elegir cuál trabajar primero. Una persona puede querer mejorar comunicación, ordenar agenda, tomar decisiones, cuidar descanso y avanzar profesionalmente al mismo tiempo. Si intenta trabajar todo junto, probablemente pierda foco.

Los ejercicios de priorización ayudan a distinguir qué objetivo tiene más impacto ahora, cuál es más urgente, cuál es más importante y cuál puede funcionar como punto de entrada para mover otras áreas.

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Lista de temas abiertos

Consiste en escribir todos los temas que la persona quiere trabajar y separarlos por tipo: decisiones, hábitos, conversaciones, prioridades, límites o aprendizajes.

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Matriz simple de impacto y posibilidad

Ayuda a mirar qué objetivo tendría más impacto y cuál puede empezar a trabajarse con los recursos actuales. No siempre lo más importante es lo primero que conviene abordar.

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Elección de una prioridad madre

Algunas prioridades arrastran mejoras en otras áreas. Por ejemplo, ordenar agenda puede mejorar foco, descanso, comunicación y calidad de decisiones.

En síntesis: priorizar no significa abandonar lo demás. Significa elegir el punto de entrada que permite avanzar con más claridad.

4. Cómo revisar brecha entre situación actual y resultado buscado

Un objetivo se vuelve más claro cuando se compara la situación actual con el resultado buscado. Esa distancia es la brecha. Revisarla evita caer en frases demasiado generales y permite detectar qué falta aprender, decidir, conversar o hacer.

La brecha no debe usarse para juzgar. Sirve para observar. Si alguien quiere delegar mejor, la pregunta no es “por qué no podés delegar”, sino qué ocurre hoy, qué resultado espera, qué obstáculos aparecen y qué cambio sería posible.

Cómo hacerlo: escribir dos columnas: situación actual y resultado buscado. Después identificar qué falta entre una y otra: información, decisión, conversación, recurso, hábito o práctica.

Cómo no hacerlo: usar la brecha para presionar. Si la diferencia entre presente y objetivo se vive como fracaso, el ejercicio deja de ordenar y empieza a bloquear.

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Describir la situación actual

Conviene hacerlo con hechos y ejemplos, no sólo con sensaciones. “Estoy saturado” puede transformarse en “tengo reuniones sin agenda, tareas sin prioridad y poco tiempo de foco”.

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Nombrar el resultado buscado

El resultado buscado debe ser comprensible. No hace falta garantizarlo, pero sí definir qué cambio se espera observar si el proceso avanza.

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Detectar qué falta trabajar

Entre el presente y el resultado puede faltar una conversación, una decisión, una práctica, un límite, una información o una nueva forma de mirar el problema.

En síntesis: revisar la brecha permite ver qué separa la intención del avance real. Sin esa mirada, el objetivo puede quedar demasiado ideal.

5. Qué preguntas ayudan a hacer el objetivo accionable

Un objetivo accionable no es sólo claro: también permite decidir qué hacer después. Las preguntas ayudan a bajar la idea a conductas, decisiones y próximos pasos.

La clave es evitar preguntas que dejan a la persona en la teoría. “¿Qué querés?” puede abrir la conversación, pero después hace falta profundizar: dónde, con quién, cuándo, para qué, qué obstáculo aparece y qué acción podría iniciar.

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Preguntas de claridad

“¿Qué querés lograr exactamente?”, “¿qué sería distinto si avanzás?”, “¿qué parte de este objetivo depende de vos?”, “¿qué necesitás aclarar antes?”.

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Preguntas de contexto

“¿En qué situación aparece este objetivo?”, “¿con quién se relaciona?”, “¿qué intentaste hasta ahora?”, “¿qué recursos tenés y cuáles faltan?”.

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Preguntas de acción

“¿Cuál sería el primer paso?”, “¿cuándo lo vas a hacer?”, “¿qué puede impedirlo?”, “¿cómo vas a revisar si avanzaste?”.

Cómo hacerlo: si el objetivo es “dar mejor feedback”, preguntar: “¿a quién necesitás darle feedback?”, “¿sobre qué hecho concreto?”, “¿qué querés que cambie después de esa conversación?”.

Cómo no hacerlo: quedarse en “quiero dar feedback mejor” sin definir persona, situación, mensaje ni acción posterior.

En síntesis: un objetivo se vuelve accionable cuando permite responder qué hacer, cuándo, con quién y para qué.

6. Qué errores aparecen al formular objetivos vagos

Un objetivo vago puede dar sensación de dirección, pero no ayuda a actuar. Frases como “quiero estar mejor”, “quiero ser más seguro” o “quiero mejorar mi liderazgo” pueden ser importantes, pero necesitan más trabajo para convertirse en objetivos útiles.

El problema de un objetivo vago es que no permite revisar avance. Si no se sabe qué cambiaría, tampoco se sabe si la persona avanzó, qué aprendió o qué necesita ajustar.

Otro error frecuente es formular objetivos demasiado grandes. Cuanto más grande y abstracto es el objetivo, más fácil es postergarlo. A veces conviene reducir el alcance para poder empezar.

Cómo hacerlo: convertir “quiero liderar mejor” en “quiero preparar una conversación de delegación con un colaborador, aclarando resultado esperado, autonomía y seguimiento”.

Cómo no hacerlo: usar objetivos que suenan bien pero no se pueden observar. Si nadie puede identificar qué cambiaría en la práctica, el objetivo todavía está verde.

En síntesis: un objetivo vago puede inspirar, pero no guía. Para que sirva, necesita contexto, conducta y próximo paso.

7. Cómo convertir un objetivo en próximos pasos

Definir el objetivo no alcanza. El objetivo necesita convertirse en próximos pasos. Si no, puede quedar como una declaración interesante que no cambia nada en la práctica.

Un próximo paso debe ser pequeño, claro y posible. No siempre tiene que ser una gran acción. Puede ser pedir una conversación, ordenar información, preparar una reunión, tomar una decisión acotada o probar una conducta nueva durante una semana.

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Elegir una primera acción

Conviene elegir una acción que la persona pueda realizar en un plazo cercano. Si el primer paso queda demasiado lejos, el objetivo pierde tracción.

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Definir contexto y momento

Una acción mejora cuando tiene contexto. “Voy a hablarlo” es débil. “El martes voy a pedir una reunión de 20 minutos para aclarar prioridades” es más trabajable.

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Anticipar obstáculos

Antes de cerrar, conviene revisar qué puede impedir la acción: miedo, falta de tiempo, poca claridad, una conversación pendiente o un recurso que todavía falta.

En síntesis: un objetivo empieza a moverse cuando se traduce en una acción concreta, cercana y revisable.

8. Cómo revisar avances sin prometer resultados mágicos

Revisar avances no significa prometer que todo va a salir como la persona espera. El coaching puede ayudar a ordenar objetivo, acción y aprendizaje, pero no controla todas las variables del contexto.

Por eso, la revisión de avance debería mirar tres cosas: qué se hizo, qué resultado apareció y qué se aprendió. A veces el avance no es lograr todo de inmediato, sino ver con más claridad qué funciona, qué no y qué ajuste conviene hacer.

También es importante separar avance de perfección. Si la persona dio un paso, tuvo una conversación o aclaró una decisión, puede haber aprendizaje aunque el resultado no sea completo.

Cómo hacerlo: revisar una acción preguntando: “¿qué hiciste?”, “¿qué pasó?”, “¿qué aprendiste?”, “¿qué ajustarías?”, “¿cuál es el próximo paso?”.

Cómo no hacerlo: medir avance sólo por éxito o fracaso. Esa mirada puede borrar aprendizajes importantes y generar presión innecesaria.

En síntesis: revisar avances no es garantizar resultados. Es mirar acción, resultado y aprendizaje para ajustar el camino.

9. Qué relación tiene con GROW y seguimiento

Los ejercicios para revisar objetivos se conectan muy bien con el modelo GROW. GROW ayuda a ordenar objetivo, realidad, opciones y voluntad de acción. Los ejercicios pueden profundizar cada parte cuando la conversación lo necesita.

Por ejemplo, si el objetivo está confuso, un ejercicio puede ayudar a precisarlo. Si la realidad está mezclada, puede servir revisar brecha. Si hay muchas opciones, puede hacer falta priorizar. Si aparece una acción, el seguimiento permite revisar qué pasó después.

El seguimiento evita que el objetivo quede como intención aislada. Una acción revisada permite aprender, ajustar y sostener continuidad.

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GROW para ordenar la conversación

El modelo ayuda a ubicar en qué punto está la persona: objetivo, realidad, opciones o acción. Eso evita saltar de una idea general a una acción improvisada.

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Ejercicios para profundizar

Los ejercicios permiten trabajar más fino: priorizar, revisar brecha, aclarar criterios o convertir una intención en una acción concreta.

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Seguimiento para aprender

Después de actuar, conviene revisar qué pasó. El seguimiento ayuda a no perder continuidad y a ajustar el objetivo si el contexto cambió.

En síntesis: GROW ordena el mapa; los ejercicios ayudan a trabajar cada parte; el seguimiento permite aprender de la acción.

10. Dónde seguir leyendo sobre proceso de coaching

Si ya entendés cómo revisar objetivos, el siguiente paso es elegir qué herramienta acompaña mejor el caso concreto. No todos los objetivos necesitan el mismo recurso.

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Para ubicar el tema dentro del coaching

Si querés ordenar primero el recorrido general, podés volver al mapa general de coaching.

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Para comparar herramientas disponibles

Si necesitás mirar otros recursos, seguí con qué herramientas se usan en coaching.

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Para revisar prioridades antes de formular objetivos

Si todavía no sabés qué área trabajar primero, puede servir leer qué es la rueda de la vida en coaching y cómo se usa.

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Para ordenar objetivo, realidad y acción

Si el objetivo ya empieza a tomar forma, podés seguir con qué es el modelo GROW en coaching.

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Para revisar patrones que traban el avance

Si el objetivo se repite pero no avanza, puede aportar otra mirada leer qué es el modelo OSAR en coaching.

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Para trabajar decisiones o liderazgo

Si el objetivo implica elegir entre opciones, seguí con qué ejercicios de coaching ayudan a tomar decisiones. Si el foco está en liderazgo, podés leer qué herramientas de coaching sirven para líderes.

En síntesis: revisar objetivos es una parte del proceso. Después hay que elegir la herramienta que ayude a pasar de claridad a acción.
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11. Preguntas frecuentes sobre ejercicios para objetivos

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¿Qué ejercicios de coaching ayudan a revisar objetivos?

Ayudan ejercicios para aclarar deseos, priorizar áreas, revisar la brecha entre situación actual y resultado buscado, formular objetivos observables y definir próximos pasos concretos.

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¿Cómo pasar de un deseo general a un objetivo observable?

Conviene transformar frases amplias como quiero mejorar en una dirección más concreta: qué se quiere lograr, en qué contexto, qué cambiaría si se avanza y qué acción permitiría empezar.

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¿Qué errores conviene evitar al formular objetivos?

Conviene evitar objetivos vagos, demasiado grandes, desconectados del contexto, formulados sólo desde el deseo o sin un próximo paso claro para revisar avance.

Cierre: un objetivo útil no es una frase linda; es una dirección que permite actuar. Si el objetivo queda demasiado amplio, se parece a mirar un mapa sin elegir destino. Primero se aclara qué se quiere cambiar, después se elige el camino y recién ahí aparece el primer paso posible.
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