ARTICULOS - sesiones de COACHING

¿Qué pasa entre una sesión y otra?

Entre sesiones se prueban acciones, se observan resultados y se ajusta el foco. A continuación, qué mirar en ese intervalo.
Darío Varona™, coach y formador en liderazgo, comunicación efectiva, PNL y habilidades blandas
Proceso de coaching Coach:  Darío Varona™
Índice de contenidos

Entre una sesión y otra se prueba lo trabajado. La persona vuelve a su contexto real, intenta una acción, observa una conversación, revisa una decisión o detecta que todavía necesita ajustar algo.

Ese intervalo no es un espacio vacío. Es una parte central del proceso, porque permite ver si lo conversado puede transformarse en acciones, pedidos, compromisos o nuevas formas de mirar una situación.

Desde mi experiencia acompañando procesos de coaching, muchas veces el aprendizaje aparece fuera de la sesión. No cuando la persona entiende una idea, sino cuando intenta aplicarla y vuelve con información real.

Ejemplo: una persona acuerda pedirle a su equipo prioridades más claras. Entre sesiones observa si pudo hacer el pedido, cómo respondió el equipo y qué conversación quedó pendiente.

Evitar: pensar que el proceso ocurre sólo cuando se habla con el coach. Si no se prueba nada entre encuentros, la siguiente sesión tiene menos material para revisar.

Para ubicar el tema: antes de mirar el intervalo entre sesiones, conviene ordenar el recorrido general de coaching. Ahí vas a poder ver cómo se conectan sesiones, proceso, objetivos, avances y cierre.
Ver mapa general de coaching

1. Qué pasa entre una sesión y otra en un proceso de coaching

Entre una sesión y otra pasan acciones, observaciones, decisiones, resistencias y aprendizajes. Lo conversado deja de ser una idea y se encuentra con el contexto real de la persona.

En esa distancia entre encuentros se ve qué pudo sostenerse, qué quedó pendiente, qué conversación se evitó, qué reacción apareció y qué nuevo dato conviene traer a la próxima sesión.

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Se prueba una acción

La persona puede intentar una conversación, un pedido, una decisión, una práctica de observación o un cambio pequeño en su manera de intervenir.

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Se observa qué ocurre

No se trata sólo de ver si salió bien o mal. Se observa qué pasó, qué respuesta apareció, qué dificultad surgió y qué aprendizaje deja esa experiencia.

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Se vuelve con información real

La siguiente sesión se vuelve más útil cuando la persona trae hechos, conversaciones, intentos, dudas o límites que aparecieron fuera del encuentro anterior.

En síntesis: entre sesiones se pone a prueba el proceso. Ahí aparecen acciones, respuestas, obstáculos y aprendizajes que permiten revisar el avance con más realidad.

2. Por qué el proceso no ocurre solo durante la sesión

La sesión ordena, pregunta, abre distinciones y define próximos pasos. Pero el proceso no termina ahí. Lo importante es qué hace la persona con eso cuando vuelve a su trabajo, su equipo o su situación concreta.

Si el proceso sólo vive dentro de la sesión, puede quedarse en comprensión momentánea. El aprendizaje se vuelve más sólido cuando se transforma en una acción, una conversación o una observación concreta.

Mejor: “Esta semana voy a pedir una reunión de 20 minutos para acordar prioridades y responsables”.

Evitar: “me quedo pensando en lo que hablamos”, si no se traduce en una práctica observable o en una conversación posible.

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La sesión abre claridad

La conversación puede ordenar una situación, distinguir un juicio, preparar un pedido o mostrar una posibilidad que antes no aparecía.

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El intervalo prueba esa claridad

La claridad se vuelve más real cuando la persona intenta usarla. Ahí ve qué puede hacer, qué le cuesta y qué necesita seguir revisando.

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La revisión transforma la experiencia

Volver sobre lo ocurrido permite aprender de la acción. Sin revisión, la experiencia puede pasar de largo sin convertirse en aprendizaje.

En síntesis: la sesión ordena, pero el proceso se completa cuando lo trabajado se prueba, se observa y se revisa en la práctica.

3. Qué acciones se prueban en el intervalo

Las acciones entre sesiones no tienen que ser grandes. Tienen que ser claras. Pueden ser conversaciones, pedidos, observaciones, decisiones pequeñas, prácticas de escucha o ajustes en la manera de responder.

Una buena acción no busca demostrar que la persona “ya cambió”. Busca producir información: qué pasó cuando intentó algo distinto, qué funcionó, qué no funcionó y qué hace falta ajustar.

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Conversaciones preparadas

Puede ser hablar con un colaborador, pedir claridad, dar feedback, renegociar un acuerdo o abrir una conversación que venía postergada.

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Pedidos más claros

La persona puede practicar pedir con más precisión: qué necesita, a quién se lo pide, para cuándo y con qué condición de cumplimiento.

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Observaciones concretas

A veces la acción es observar: cuándo aparece una reacción, qué conversación se evita, qué patrón se repite o qué señal muestra el equipo.

En síntesis: las acciones entre sesiones sirven para aprender en contexto. No tienen que ser perfectas; tienen que ser observables y útiles para revisar.

4. Qué conversaciones pueden quedar pendientes

Entre sesiones suelen aparecer conversaciones pendientes. Algunas ya estaban evitadas antes del proceso; otras se vuelven visibles después de ordenar mejor el objetivo o revisar la situación.

En liderazgo, trabajo en equipo o decisiones profesionales, muchas dificultades se sostienen porque falta una conversación clara: pedir, agradecer, poner un límite, renegociar o cerrar un compromiso.

Mejor: “Necesito hablar con Juan para aclarar qué espera de mí y qué puedo comprometer esta semana”.

Evitar: “me voy a fijar qué pasa”, si en realidad la conversación necesaria sigue postergada y nadie sabe qué se espera.

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Conversaciones de pedido

Aparecen cuando la persona espera algo de otro, pero todavía no lo pidió de manera clara, directa y con condiciones observables.

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Conversaciones de límite

Surgen cuando la persona sostiene más de lo que corresponde, acepta acuerdos confusos o evita decir qué puede y qué no puede asumir.

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Conversaciones de cierre

Muchas veces queda algo abierto: una promesa, una expectativa, una tarea, una decisión o una respuesta que nadie terminó de aclarar.

En síntesis: las conversaciones pendientes suelen mostrar dónde el proceso necesita bajar a acción. Lo no conversado también forma parte del trabajo.

5. Qué pedidos, promesas o compromisos conviene revisar

Entre sesiones conviene revisar pedidos, promesas y compromisos porque ahí se ve si la coordinación con otros está funcionando. Muchos problemas no son de voluntad, sino de acuerdos poco claros.

Cuando una persona dice “no cumplen”, puede valer la pena mirar primero si hubo un pedido claro, si existió una promesa explícita y si se acordó cómo revisar el cumplimiento.

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Pedidos

Revisar pedidos ayuda a distinguir si la persona pidió algo concreto o si sólo dejó una expectativa implícita esperando que el otro la entienda.

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Promesas

Una promesa clara puede cumplirse, renegociarse o cerrarse. Una promesa ambigua suele generar frustración, reproche o pérdida de confianza.

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Compromisos

Un compromiso necesita responsable, tiempo y condición de satisfacción. Si eso no está, la revisión posterior se vuelve confusa.

En síntesis: revisar pedidos, promesas y compromisos permite pasar de expectativas vagas a acuerdos más claros. Eso vuelve más concreto el avance.

6. Cómo observar resultados sin exigirse de más

Observar resultados no significa exigirse que todo salga bien. Significa mirar qué ocurrió al intentar una acción: qué se pudo hacer, qué no, qué respuesta apareció y qué aprendizaje trae esa experiencia.

En coaching, el resultado no siempre es inmediato. A veces el avance es animarse a una conversación, pedir con más claridad, detectar un patrón o dejar de actuar en automático.

Mejor: “No logré cerrar el acuerdo, pero pude hacer el pedido con más claridad y vi qué objeción apareció”.

Evitar: “fallé porque no salió perfecto”, cuando en realidad hubo información útil para revisar en la próxima sesión.

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Mirar qué se intentó

Antes de evaluar resultado, conviene mirar si la acción se intentó, cómo se intentó y qué condiciones tuvo esa experiencia.

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Mirar qué se aprendió

Aunque una acción no salga como se esperaba, puede mostrar una dificultad, una emoción, una conversación pendiente o una hipótesis que hay que ajustar.

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Mirar qué sigue

El resultado sirve si permite decidir el próximo paso: repetir, ajustar, pedir ayuda, conversar distinto, cerrar algo o redefinir el foco.

Para revisar señales: si querés profundizar en decisiones, acciones, conversaciones y resultados observables, seguí con la explicación específica sobre medición de avance.
Ver indicadores de avance

7. Qué aporta Flores sobre coordinación de acciones

Fernando Flores aporta una mirada práctica para observar cómo las personas coordinan acciones mediante conversaciones. Esto es muy útil entre sesiones, porque permite revisar pedidos, ofertas, promesas y compromisos concretos.

Muchas veces el avance no depende de “pensar mejor”, sino de conversar mejor. Pedir de forma clara, prometer con responsabilidad y renegociar a tiempo puede cambiar la coordinación de una situación.

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Pedidos que abren acción

Un pedido claro permite que otra persona entienda qué se espera, para cuándo y bajo qué condiciones. Sin eso, la acción queda expuesta a malentendidos.

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Promesas que sostienen confianza

Una promesa bien revisada permite saber si el compromiso se cumplió, si debe renegociarse o si corresponde cerrar la conversación.

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Coordinación que se observa

La coordinación no queda en una idea. Se observa en acuerdos, tiempos, responsables, conversaciones de seguimiento y cierres claros.

Fuente de referencia: para profundizar esta mirada, podés revisar Language Action Theory y la introducción a Conversations for Action.

8. Qué aporta ICF sobre responsabilidad y seguimiento

ICF aporta un marco útil para cuidar acuerdo, ética, responsabilidad y seguimiento profesional. Entre sesiones, esto ayuda a que las acciones no se transformen en presión ni en promesas exageradas.

En mi forma de trabajar, el seguimiento no es controlar a la persona. Es revisar con cuidado qué pudo hacer, qué aprendió, qué necesita ajustar y qué responsabilidad conserva sobre sus propias decisiones.

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Responsabilidad de la persona

El coach acompaña, pero no decide por la persona. Entre sesiones, cada uno conserva su responsabilidad: el coach en el encuadre y la persona en sus acciones.

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Seguimiento sin presión

Revisar avances no debería vivirse como examen. Debería servir para mirar qué ocurrió, qué se aprendió y qué conviene ajustar.

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Límites claros

Si entre sesiones aparece algo que requiere ayuda psicológica, médica, legal o técnica, corresponde reconocer el límite y derivar al profesional adecuado.

Fuente de referencia: para ampliar este marco, podés revisar las competencias centrales de ICF y su código de ética.

9. Qué aporta Echeverría sobre aprendizaje y cambio de observador

Rafael Echeverría ayuda a mirar cómo una persona observa su situación, qué interpretaciones sostiene y qué posibilidades de acción ve o no ve. Entre sesiones, esa mirada se pone a prueba en la práctica.

A veces la persona entiende algo en la sesión, pero recién descubre su verdadero desafío cuando intenta actuar distinto. Ahí aparece el aprendizaje: no sólo saber algo, sino observar y responder de otra manera.

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Observar la interpretación

La persona puede revisar desde qué interpretación actuó: amenaza, resignación, exigencia, control, confianza o posibilidad.

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Probar una acción distinta

El cambio de observador se vuelve más concreto cuando la persona actúa de otra forma: pregunta mejor, escucha distinto o abre una conversación que evitaba.

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Volver con aprendizaje

La experiencia entre sesiones permite revisar qué cambió en la forma de mirar, sentir, conversar o actuar frente a la misma situación.

Fuente de referencia: para ampliar esta mirada, podés revisar la presentación de Rafael Echeverría en Newfield Consulting y su desarrollo sobre Ontología del Lenguaje.

10. Qué hacer cuando no se avanzó entre sesiones

Que no haya avance entre sesiones no significa necesariamente que el proceso falle. Puede mostrar que el objetivo era demasiado amplio, que la acción no estaba clara o que apareció una resistencia que conviene mirar.

En vez de convertirlo en culpa, conviene traerlo a la sesión siguiente. Lo que no se pudo hacer también es material de trabajo: muestra límites, miedos, prioridades, conversaciones evitadas o falta de acuerdo.

Mejor: “No hice la conversación porque me di cuenta de que no tenía claro qué quería pedir”.

Evitar: “no avancé, entonces no sirve”, sin revisar qué frenó la acción y qué aprendizaje aparece de esa dificultad.

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Revisar si la acción era clara

A veces la persona no avanza porque la acción quedó demasiado general. Si no se sabe qué hacer, con quién y cuándo, es difícil sostenerla.

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Mirar qué apareció como obstáculo

Puede aparecer miedo, incomodidad, falta de tiempo, duda, una prioridad nueva o una conversación que se venía evitando. Todo eso merece revisión.

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Ajustar el próximo paso

Si la acción era demasiado grande, se puede ajustar. Si el foco cambió, se revisa. Si falta una conversación previa, se prepara antes de insistir.

En síntesis: no avanzar entre sesiones también puede enseñar. Lo importante es revisar qué frenó la acción y ajustar el proceso sin culpa ni autoengaño.

11. Dónde seguir leyendo sobre proceso de coaching

Para seguir con orden, conviene avanzar según la duda concreta: funcionamiento, etapas, duración, objetivos, medición de avances, cierre o diferencia entre una sesión suelta y un recorrido sostenido.

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Recorrido general de coaching

Para ubicar este tema dentro de una mirada más amplia, empezá por el mapa general de coaching. Ahí vas a poder ordenar tipos, sesiones, procesos y aplicaciones.

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Proceso de coaching

Si querés volver al recorrido principal del tema, seguí por proceso de coaching. Ahí se ordenan funcionamiento, etapas, objetivos, avances y cierre.

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Funcionamiento del proceso

Para entender cómo se conectan sesiones, acciones y seguimiento, leé cómo funciona un proceso de coaching.

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Etapas del proceso

Para ver el recorrido por momentos, seguí con cuáles son las etapas de un proceso de coaching.

5

Duración del proceso

Si necesitás estimar tiempos sin caer en promesas rápidas, revisá cuánto dura un proceso de coaching.

6

Objetivos del proceso

Para pasar de una preocupación amplia a un foco trabajable, seguí con cómo se definen objetivos en un proceso de coaching.

7

Medición del avance

Si querés revisar progreso sin autoengaño ni exigencia excesiva, leé cómo se mide el avance en coaching.

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Cierre del proceso

Para saber cuándo cerrar o redefinir el recorrido, seguí con cuándo termina un proceso de coaching.

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Sesión suelta o proceso

Si estás comparando una conversación puntual con un acompañamiento sostenido, cerrá con la diferencia entre sesión suelta y proceso de coaching.

Cierre: entre una sesión y otra se prueba lo trabajado: acciones, conversaciones, pedidos, compromisos, resultados y obstáculos. Ese intervalo le da realidad al proceso y permite ajustar el camino con más claridad.

¿Querés conversar sobre un proceso de coaching?

Si querés trabajar una situación personal, profesional o laboral desde una mirada más clara y práctica, podés consultar por sesiones individuales de coaching.