ARTÍCULO - COACHING ONTOLÓGICO

¿Qué son los juicios en coaching ontológico y cómo se trabajan?

Los juicios en coaching ontológico influyen en cómo interpretamos, conversamos y actuamos. A continuación, cómo reconocerlos y trabajarlos.
Darío Varona™ explicando ejemplos de coaching ontológico aplicados a decisiones, bloqueos, conversaciones pendientes, límites y liderazgo.
Preguntas de coaching Autor:  Darío Varona™
Índice de contenidos

Los juicios en coaching ontológico son una parte central del trabajo conversacional. No hablamos de juicios legales ni de criticar a alguien, sino de las opiniones, valoraciones e interpretaciones que hacemos sobre una persona, una situación o nosotros mismos.

Desde mi experiencia acompañando procesos de coaching, muchos bloqueos no aparecen por los hechos en sí, sino por los juicios que la persona construye alrededor de esos hechos: “no soy capaz”, “mi equipo no se compromete”, “si hablo, se va a enojar”, “ya es tarde para cambiar”.

Este artículo trabaja los juicios desde el coaching ontológico, con una mirada práctica. Si querés profundizar la base de este enfoque, también podés leer la guía sobre preguntas de coaching ontológico y la explicación sobre qué es el coaching ontológico.

1. Qué son los juicios en coaching ontológico

En coaching ontológico, un juicio es una interpretación o valoración que una persona hace sobre algo. Puede estar fundada en hechos, o puede estar sostenida solo por una impresión, una historia previa o una conclusión rápida.

La RAE incluye entre los sentidos de “juicio” la acción de juzgar y lo vincula con opinión, parecer, valoración o dictamen. En coaching, esa idea nos sirve para mirar algo muy concreto: qué juicios están guiando la forma en que una persona decide, conversa y actúa.

Para ver la definición formal, podés consultar el Diccionario de la lengua española de la RAE.

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Un juicio no es lo mismo que un hecho

Un hecho se puede observar o verificar. Un juicio es una valoración sobre ese hecho. “Llegó tarde tres veces este mes” es distinto de “no le importa el trabajo”. La primera frase describe; la segunda interpreta.

Ejemplo bien usado: “¿Qué hecho concreto sostiene ese juicio?”

Cómo no hacerlo: “Eso que pensás está mal.”

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Un juicio puede abrir o cerrar posibilidades

Algunos juicios ayudan a actuar con criterio. Otros cierran caminos. Si una persona se dice “no sirvo para liderar”, probablemente deje de practicar conversaciones que podrían ayudarla a crecer.

Pregunta útil: “¿Este juicio te abre una acción posible o te deja sin alternativas?”

Cómo no hacerlo: “Tenés que pensar en positivo.”

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Un juicio necesita fundamento

No todo juicio tiene el mismo peso. Hay juicios fundados en observaciones, experiencia y criterios claros. Y hay juicios que nacen de miedo, enojo, cansancio o una historia que la persona repite sin revisar.

Pregunta útil: “¿Con qué hechos, estándares o experiencias estás fundando este juicio?”

Cómo no hacerlo: “No juzgues tanto.”

En síntesis: un juicio no es un hecho. Es una interpretación que puede orientar o limitar la acción. Por eso, en coaching ontológico no se lo niega: se lo observa y se lo revisa.

2. Diferencia entre hechos, juicios e interpretaciones

Esta diferencia parece simple, pero cambia mucho una conversación. Cuando una persona confunde hechos con juicios, puede actuar como si su interpretación fuera la única verdad posible.

En coaching ontológico, separar hechos de juicios ayuda a bajar la carga emocional, mirar mejor la situación y recuperar margen de acción.

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El hecho describe algo observable

Un hecho puede ser visto, registrado o verificado. Por ejemplo: “la reunión empezó a las 9 y Juan llegó a las 9:25”. No dice todavía qué significa eso. Solo describe lo que pasó.

Mejor: “Juan llegó 25 minutos después del horario acordado.”

Evitar: “Juan no respeta a nadie.”

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El juicio valora ese hecho

El juicio aparece cuando le damos significado al hecho. Puede ser útil, pero necesita ser reconocido como juicio. “No es confiable” puede ser una valoración, pero no debería presentarse como si fuera un dato objetivo.

Pregunta útil: “Cuando decís que no es confiable, ¿qué hechos observaste?”

Evitar: “Si lo sentís así, debe ser verdad.”

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La interpretación guía la acción

La forma en que interpretamos algo influye en lo que hacemos después. Si interpreto una demora como falta de compromiso, voy a actuar distinto que si la interpreto como falta de claridad, sobrecarga o mala coordinación.

Pregunta útil: “¿Qué otras interpretaciones posibles existen sobre este mismo hecho?”

Evitar: “No le des tantas vueltas.”

En síntesis: separar hechos, juicios e interpretaciones permite conversar con más claridad. No elimina la emoción, pero evita actuar desde una conclusión automática.

3. Cómo los juicios influyen en conversaciones, decisiones y acciones

Un juicio no se queda en la cabeza. Termina afectando la forma en que una persona habla, decide, evita, pide, delega o pone límites. Por eso tiene tanta importancia en un proceso de coaching.

En el trabajo, esto se ve todo el tiempo. Un líder que juzga que su equipo “no tiene iniciativa” puede dejar de pedir, dejar de enseñar o controlar más. Una persona que se juzga “poco capaz” puede evitar exponerse aunque tenga recursos.

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Influyen en las conversaciones que abrimos o evitamos

Si el juicio es “no va a entender”, probablemente no converse. Si el juicio es “me van a rechazar”, quizás no pida. Antes de hablar, la persona ya cerró la posibilidad en su cabeza.

Pregunta útil: “¿Qué juicio está haciendo que esta conversación parezca imposible?”

Evitar: “No tengas miedo y hablá.”

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Influyen en las decisiones que tomamos

Una persona puede postergar una decisión no por falta de información, sino por un juicio de fondo: “si me equivoco, fracaso”, “si digo que no, quedo mal”, “si cambio, pierdo seguridad”.

Pregunta útil: “¿Qué juicio sobre vos o sobre la situación está pesando en esta decisión?”

Evitar: “Decidí sin pensar tanto.”

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Influyen en las acciones disponibles

Cuando un juicio se vuelve muy fuerte, algunas acciones dejan de aparecer como posibilidad. La persona no considera pedir ayuda, delegar, escuchar, conversar o revisar un acuerdo porque el juicio ya cerró el camino.

Pregunta útil: “Si este juicio no estuviera tan presente, ¿qué acción te quedaría disponible?”

Evitar: “Sacate esa idea de la cabeza.”

En síntesis: los juicios influyen porque condicionan qué conversaciones abrimos, qué decisiones tomamos y qué acciones vemos como posibles.

4. Cómo se trabajan los juicios en coaching ontológico sin forzarlos

En coaching ontológico no se trata de decirle a la persona “no juzgues”. Eso no sirve demasiado. Todos hacemos juicios. El trabajo es mirar si están fundados, qué mundo están abriendo o cerrando y qué acción queda disponible al revisarlos.

La International Coaching Federation ubica dentro de sus competencias profesionales áreas como ética, escucha, comunicación efectiva y aprendizaje. En esa línea, trabajar juicios requiere cuidado, respeto y preguntas que abran reflexión, no presión ni manipulación. Podés ver más en las competencias profesionales de coaching de ICF.

Dentro del desarrollo del coaching ontológico, Rafael Echeverría y Newfield son referencias relevantes por el trabajo sobre ontología del lenguaje y la relación entre lenguaje, interpretación y acción. Podés ver más en el perfil de Rafael Echeverría en Newfield Consulting.

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Primero se distingue el juicio

El primer paso es poder verlo como juicio. Mientras la persona lo vive como verdad absoluta, no tiene margen para revisarlo. Nombrarlo como juicio ya abre una pequeña distancia.

Mejor: “¿Podemos mirar esto como un juicio que estás haciendo y no como un hecho cerrado?”

Evitar: “Eso es solo una historia tuya.”

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Después se revisa su fundamento

No se trata de invalidar lo que la persona piensa. Se trata de revisar en qué se apoya: qué hechos tiene, qué estándares está usando, qué experiencias previas influyen y qué parte puede ser una generalización.

Mejor: “¿Qué hechos sostienen este juicio y qué hechos podrían mostrar otra lectura?”

Evitar: “No tenés pruebas, entonces no vale.”

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Luego se abre una acción distinta

Revisar un juicio tiene sentido si permite actuar mejor. Puede abrir una conversación, un pedido, una decisión, una disculpa, un límite o una forma diferente de mirar al otro.

Mejor: “Si revisás este juicio, ¿qué acción nueva podrías probar?”

Evitar: “Cuando cambies ese juicio, todo va a mejorar.”

En síntesis: los juicios se trabajan distinguiéndolos, revisando su fundamento y observando qué acción habilitan o cierran.

5. Caso práctico: un líder que juzga que su equipo no tiene compromiso

Caso breve: un líder dice que su equipo no tiene compromiso. Está molesto porque algunas tareas se entregan tarde y siente que tiene que empujar todo. Al revisar la situación, aparece que el juicio “no tienen compromiso” está tapando hechos, pedidos poco claros y acuerdos de seguimiento débiles.

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Separar el juicio del hecho

Primero se baja la frase general a hechos observables. No alcanza con decir “no hay compromiso”. Hay que mirar qué tareas, qué fechas, qué acuerdos y qué conversaciones concretas están involucradas.

Pregunta útil: “¿Qué hechos concretos estás usando para decir que no hay compromiso?”

Contraejemplo: “Tu equipo es un desastre.”

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Revisar el fundamento del juicio

Después se observa si el juicio está bien fundado o si mezcla frustración, cansancio y falta de acuerdos claros. Tal vez hay incumplimientos reales, pero también pedidos que nunca fueron suficientemente precisos.

Pregunta útil: “¿Qué estándares de compromiso estaban claros para todos y cuáles quedaron implícitos?”

Contraejemplo: “Si no se dan cuenta solos, no sirven.”

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Abrir una conversación más clara

El cierre no queda en cambiar una opinión por otra. Se define una acción: conversar hechos, aclarar expectativas, pedir compromisos concretos y acordar seguimiento sin atacar al equipo.

Pregunta útil: “¿Qué conversación necesitás abrir para pasar del juicio general a acuerdos concretos?”

Contraejemplo: “Voy a decirles que así no se puede trabajar.”

Resultado esperado:
  • El líder deja de actuar solo desde el juicio “no tienen compromiso” y empieza a mirar hechos concretos.
  • Los colaboradores reciben pedidos y estándares más claros, en vez de una etiqueta general.
  • El equipo gana posibilidad de mejora porque la conversación se mueve hacia acuerdos, seguimiento y responsabilidad compartida.

Preguntas frecuentes sobre juicios en coaching ontológico

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¿Qué es un juicio en coaching ontológico?

Es una interpretación o valoración que una persona hace sobre un hecho, una situación, otra persona o sobre sí misma. Puede estar fundada o no, y puede abrir o cerrar posibilidades de acción.

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¿Un juicio siempre es negativo?

No. Hay juicios útiles, necesarios y bien fundados. El problema aparece cuando un juicio se toma como verdad absoluta y empieza a cerrar conversaciones, decisiones o acciones posibles.

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¿Cuál es la diferencia entre hecho y juicio?

Un hecho describe algo observable o verificable. Un juicio valora o interpreta ese hecho. “Llegó tarde tres veces” es un hecho; “no le importa el trabajo” es un juicio.

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¿Cómo se trabaja un juicio en coaching?

Primero se distingue como juicio. Después se revisa su fundamento, los hechos que lo sostienen, las interpretaciones posibles y las acciones que ese juicio está abriendo o cerrando.

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¿Trabajar juicios es lo mismo que hacer terapia?

No. En coaching se trabajan juicios relacionados con interpretación, conversación y acción. No se diagnostican ni se tratan problemas de salud mental. Si aparece algo clínico, corresponde consultar a un profesional de salud mental.

Cierre: los juicios en coaching ontológico importan porque influyen en cómo interpretamos, conversamos, decidimos y actuamos. No se trata de dejar de juzgar, sino de distinguir qué es hecho, qué es juicio, cómo está fundado y qué posibilidades está abriendo o cerrando. Para seguir profundizando, podés ver también la guía sobre preguntas de coaching ontológico y la base del coaching ontológico.

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